Sheila Navarro

Administración de una empresa editorial

Las casas editoriales son generadoras de cultura e ideas, pero esto no lo aleja del negocio. No basta con ser un amante de la lectura, es pertinente encontrar un nivel entre la pasión por los libros y la capacidad de manejar una empresa editorial.

Evidentemente, existen empresas sin fines de lucro. En estas se privilegia la difusión del contenido, sin dar mayor importancia a los ingresos que se puedan generar. Cuando el principal objetivo es la ganancia económica, se trata de una empresa con fines de lucro.

Es importante que los miembros de una editorial trabajen a base de metas y objetivos esto con fines de incentivar la producción y hacer lo mejor posible. Para ello, es necesario saber de qué trata el asunto.

Toda editorial necesita maximizar su capital financiero como humano para que la rentabilidad sea posible, por esta razón la administración tiene lugar en la empresa, porque ayuda a determinar cuestiones financieras como el precio de cada ejemplar o el diseño de las acciones promocionales. 

Cada empresa editorial tiene un equipo de trabajo, el cual se divide en departamentos especializados en distintas materias, los que en conjunto encaminan a la empresa a la eficiencia y la rentabilidad. La división de tareas dependerá de qué tan grande sea la organización y con cuántos recursos humanos se cuente.

Según los autores “algunas de las tareas habitualmente desempeñadas por el departamento de administración de una editorial son las siguientes:

  • Formulación de una política editorial acorde con la misión de la empresa.
  • Confección de presupuestos de gastos y de ventas.
  • Diseño de una política de precios en función de los costos, tiradas y datos del mercado.
  • Asignación de tareas y responsabilidades. Contra lar y supervisión.
  • Definición de las políticas de captación y retención de autores: contratos, regalías, acciones de fidelización.
  • Participación en las reuniones periódicas de los distintos departamentos de la empresa.
  • Participación en convenciones de ventas.
  • Participación en comités de pre-publicación y producción.

Sin embargo, cada editorial imprime un valor simbólico a sus publicaciones, el cual se edifica a partir de su misión y visión como empresa. Esto se ve reflejado en su catálogo de obras, las características de sus publicaciones y las estrategias de distribución de sus materiales.

El prestigio de una empresa editorial se construye a partir de las relaciones que el editor tiene con los autores de las obras que constituyen su catálogo, o bien, con los autores a quienes pretende editar sus textos. Entre más reconocidos sean los escritores de las obras que edita, mejor valor mercantil e intelectual tendrá la editorial.

Es sustancial que el editor reconozca la importancia de cada obra que pasa por sus manos, pues constituirla tomó mucho tiempo y dedicación a quien la escribió, por ello, debe demostrarle a cada autor que valora su trabajo y que puede confiar a él la edición de su obra.

Tener el reconocimiento social como una editorial de prestigio es de gran importancia pues, en ocasiones, esto propicia a que sean los autores quienes busquen a la editorial para que edite sus trabajos, lo cual es un gran privilegio.  

El editor debe ser muy astuto en la elección de las obras que va a publicar, pues debe seleccionar las que crea que crea serán de interés para los lectores. Las elige ya sea por su contenido intelectual o porque sabe que se van a vender (como en el caso de las novelas juveniles, obras de superación personal y best-sellers).

La decisión de editar un libro es una tarea compleja, pues conlleva tiempo y dinero, y aunque se esperan ganancias (si se logran obtener), en la mayoría de las casos éstas no llegan a corto plazo.

La industria editorial no es sencilla, pues lo que las empresas editoriales ofrecen es únicamente conocimiento, el cual no todas las personas valoran porque no se trata de un bien tangible. Todo editor debe estar consciente de que si la obra es muy buena, esto solo se le reconocerá al autor; sin embargo, cuando existe un error la responsabilidad será de quien se encargó de la edición.

Sheila Navarro

Referencia:

Fernando Esteves Fros y Jorgue Vanzulli. Administración de una empresa de cultura.

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