Sheila Navarro

¿En dónde se esconden los lectores?

CL1. Elogio (innecesario) de los libros. Carlos Monsiváis. México, 2004.

Uno de mis autores favoritos, Michel Houllebecq, dijo alguna vez que vivir sin leer es peligroso, porque obliga a conformarse con la vida, y uno puede sentir la tentación de correr riesgos, pero, ¿a qué se refiere realmente con esta frase?

Al leer un libro, cualquiera que sea, es posible viajar a otro sitio, otro tiempo y quizá cambiar de género. Es posible también conocer perspectivas diferentes, ampliar un panorama y conocer ideas que probablemente no se habían considerado. La actividad de la lectura brinda mucho más que pasar un buen rato.

Sin embargo, el escritor Carlos Monsiváis reconoce el lado no tan agradable de la lectura. Comenzando con el acaparador sistema capitalista que, a través de las industrias culturales y la globalización, transforma los procesos de lectura, clasificando así lo que merece ser leído y lo que no en una especie de discriminación indecente que ofende a todo intelectual.

El autor se pregunta, ¿la lectura ha disminuido? A mi parecer no. Las personas si leen, pero hay que revisar qué leen. Anteriormente, hace aproximadamente tres o cuatro años, en los puestos de revistas se veía a un grupo de personas paradas alrededor de éste leyendo los titulares de los periódicos y pasaban largo tiempo ahí. Pocos se atrevían a comprar un ejemplar, ¿qué pasa ahora?

El smartphone lo resuelve todo, o casi todo. Se pueden consultar periódicos, revistas, libros… incluso podcast que, por cierto, son muy enriquecedores. En fin, tenemos un mundo dentro de nuestro teléfono, esto de alguna y muy poco ortodoxa manera, fomenta la lectura.

Asimismo, no resulta novedad que, entre adolescentes, se les oye hablar de los fastidiosos best-seller como Crepúsculo u otra falacia de ese tipo, claro, si se tiene la suerte que hablen de libros.

Pero este escaso número de literatos no necesariamente se le adjudica al capitalismo –aunque así lo deseemos– como el autor afirma, no existe un hábito social de lectura –al menos en México– porque, si reflexionamos acerca de los intereses de la población mexicana, escasamente nos referiremos a la literatura. Es probable que el top 5 se componga de redes sociales, entretenimiento televisivo, tecnología y noticias con nulo rigor periodístico.

Monsiváis se plantea varias cuestiones, una de ellas: ¿cómo impulsar la lectura? Y claro, ¿cómo lograrlo entre la población mexicana?

Durante la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto, y para ser más específica, en la FIL de Guadalajara, el todavía candidato confundió a Carlos Fuentes con Enrique Krauze, asegurando que éste último era el autor de La silla del Águila. Un pequeño error, podríamos pensar.

Sin embargo, si el actual presidente no sabe de Carlos Fuentes, ¿qué se puede esperar del país al que representa? No podemos generalizar claro está, pero al conocer los intereses de la sociedad en general, se evidencia la escasa consulta de libros.

Es cierto que la educación básica debe impulsar el hábito lector, pero no podemos confiarnos. La actividad de la lectura se debe impregnar desde casa, con nuestros familiares. Comenzar a ser líderes de opinión entre ellos.

Navarro Díaz Sheila 


Bibliografía. 

Monsiváis, Carlos. Elogio (innecesario) de los libros. FCPyS. México, 2004. 


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